Educar a los hijos en la fe es un acto de amor y protección frente a las influencias negativas del mundo. La fe sólida les dará una brújula para tomar decisiones correctas y resistir las tentaciones. La Biblia nos anima a enseñar a los niños “en el camino que deben andar” (Proverbios 22,6), formando corazones fuertes y confiados en Dios. Si no se les instruye, el mundo intentará llenar ese vacío con ideologías pasajeras que alejan del camino de la verdad. Como padres, tenemos la responsabilidad de transmitir el amor a Cristo y sus enseñanzas, para que sus raíces sean firmes y puedan sostenerse ante cualquier adversidad o desafío que enfrenten.

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